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  HISTORIA


LA FUNDACION MARQUES DE VALDECILLA

La Diputación de Santander cumplía su obligación de asistencia gratuita a las personas sin recursos de la provincia en el Hospital de San Rafael, un sólido edificio de finales del siglo XVIII, cuyas 350 camas, inicialmente muchas, habían quedado insuficientes más de un siglo después, como terminó de poner en evidencia la epidemia de gripe de 1.918. La creación de un Hospital nuevo y mayor fue asumida por la alta burguesía local de la industria y el comercio, que no pudo, sin embargo, allegar los fondos necesarios, quizá por el mal momento de la post-guerra europea. El Marqués de Valdecilla (cuya prodigalidad ya se desparramaba desde las escuelas aldeanas a la Universidad Central de Madrid), se hizo cargo entonces, en solitario, del proyecto, pero reorientándolo en 1.927 en dos aspectos fundamentales; uno hacia el interclasismo, de modo que prestara asistencia a los pobres de la provincia - destinatarios últimos de su obra -, pero también a enfermos privados o procedentes de mutuas, conciertos, etc; y otro, que dicha asistencia fuera de la más alta calidad técnica y científica, lo que sería germen de una auténtica escuela de medicina y cirugía. En función de estos planteamientos, que compartía plenamente, Gonzalo Bringas trazó su proyecto arquitectónico.

FUNDACION DE BENEFICENCIA PARTICULAR

Patronato familiar
La titularidad de lo que se estaba gestando se confirió, por Real Orden de Abril de 1.928, a una Fundación de beneficencia particular mixta, independiente en lo jurídico de las corporaciones oficiales, de cuya gestión se encargaba un Patronato en el que eran mayoría los designados libremente por el marqués; en la primera reunión del Patronato, además de denominar Casa de Salud Valdecilla (CSV) al nuevo centro, se nombró Director técnico-administrativo y Jefe del Pabellón de Mentales al neuropsiquiatra Wenceslao López Albo.

Este concretó el diseño funcional de la CSV en los cuatro ejes que definían a los hospitales más modernos de la época; la asistencia, estructurada en especialidades médicas y médico-quirúrgicas, con unos Servicios centrales - varios laboratorios, radiología, banco de sangre y otros - bien desarrollados; la docencia, concretada en un principio en el Instituto Médico de Postgraduados y en la Escuela de Enfermería, pero con la perspectiva de su evolución hacia centro universitario; la investigación clínica o básica, para la que se contaba con los laboratorios, una Biblioteca suscrita a las principales revistas extranjeras y españolas y becas para estancias en otros hospitales; y, finalmente, la prevención, participando en campañas de educación sanitaria, puericultura, toxicomanías, prevención de enfermedades laborales, etc... a desarrollar en la región. Otras decisiones relevantes de estos comienzos fueron el nombramiento de los distintos Jefes de Servicio (seleccionados por el único criterio de la valía profesional, valorada por un comité de expertos entre los que estuvieron, por ejemplo, Ramón y Cajal y Gregorio Marañón) y el confiar el cuidado de los pacientes a enfermeras seglares profesionales, cuya escasez debía paliar la propia Escuela de Enfermeras. Después de esta decisiva labor de dos años López Albo dimitió, al imponerle el Patronato - que hasta entonces había apoyado y respetado todas sus iniciativas - la presencia de las Hijas de la Caridad, con unos cometidos y competencias que juzgaba impropios.

Desde el principio la CSV hubo de afrontar contingencias adversas, como la muerte del marqués en 1.932, la guerra civil y la penosa post-guerra, etc pero, sobre todo, la precariedad económica en que se desenvolvió prácticamente siempre, cuyas causas suelen atribuirse a la cicatería institucional, la no concertación de seguros o cierta enemiga de la clase médica santanderina.

Patronato oficial
Al marqués le sucedió al frente del Patronato su sobrina y heredera la marquesa de Pelayo, quién, cuando muere en 1.951, ya había disminuido considerablemente un compromiso financiero con la institución que había sido muy importante en los primeros años. La imposibilidad de enderezar la situación económica llevó al Patronato, en diciembre de 1.951, a dar por concluida su gestión, que pasó a la Diputación Provincial en aplicación de los Estatutos fundacionales.
Consecuencia de ello, y tras diversos avatares administrativos, la Fundación, con su mismo nombre y funciones, pasa a ser regida por un Patronato (Junta Rectora) mayoritariamente oficial, con representantes de varios Ministerios, Ayuntamiento y Diputación Provincial. Esta, por fin, en especial desde la presidencia de Pedro de Escalante, se involucra activamente en el futuro de la CSV, un futuro condicionado por la expansión de la Seguridad Social, que presta cobertura sanitaria a capas cada vez más amplias de la población: el hospital intentó adaptarse habilitando especialmente para estos enfermos el pabellón ocho, pero a la postre la Seguridad Social inauguró su propia Residencia Sanitaria, la ’’Cantabria’’, en 1.969.

Pese a todas estas vicisitudes, y aunque con altibajos, la formación de post-graduados y de enfermeras continuó, y sesiones clínicas, ciclos de conferencias, realización de tesis, participación en los Cursos de la Universidad de Verano, diversas publicaciones - en especial los Anales de la CSV - etc, mantuvieron lo básico del proyecto inicial, gracias a la identificación con él de todos los estamentos y de un cierto ’’espíritu’’ que para algunos es la única explicación de la permanencia de su prestigio en medio de la penuria.

FUNDACION PUBLICA DE SERVICIOS

El proyecto de modernizar la CSV, alentado desde la Diputación, se plasma de manera efectiva de un Decreto ministerial de Abril de 1.969 que da por extinguida la Fundación de Beneficencia Particular y traspasa todo su patrimonio a la institución provincial, la cual constituye al efecto la Fundación Pública de Servicios Hospitalarios y Asistenciales ’’Marqués de Valdecilla’’, regida por un Consejo de Gobierno y una Gerencia para la que se nombra al Dr. López Vélez; éste es al tiempo Director Médico de la CSV, reconstituyéndose así, de algún modo, el modelo de dirección técnico-administrativa de la época de López Albo. En la nueva Fundación se integra también la Maternidad Provincial, el Jardín de Infancia y sendos centros de psiquiatría, educación especial y geriatría.

Entre 1.970 y 1.973 desde la Fundación se desarrollan tres iniciativas fundamentales: renovar funcional y arquitectónicamente la CSV - incluida la Escuela de Enfermeras -, convertir el hospital renovado en asiento de los cursos clínicos de la Facultad de Medicina recién creada en Santander y establecer un acuerdo con la Seguridad Social para unificar la actuación hospitalaria que prestaban la CSV y la Residencia Cantabria; el resultado de esta fusión es el Centro Médico Nacional Marqués de Valdecilla, al que se dota de nuevos Departamentos y Servicios, así como de más personal y de medios materiales y económicos. El nuevo Centro Médico es dirigido por un Comité de Gestión y de Gobierno - paritario entre la Diputación y la Seguridad Social - y por un Director General, el Dr. López Vélez, quien continúa siendo Gerente de la Fundación hasta su cese en 1.983, momento en el que se independizan ambos cargos.

La Fundación, en cualquier caso, orienta su actividad hacia el resto de los servicios asistenciales que tiene encomendados, a la Escuela de Enfermería - que se convierte en Universitaria en 1.980 - y a la creación de un Centro de Estudios de Medicina de Urgencias. Su conexión más efectiva con el Hospital se establece a través de actuaciones de apoyo a la realización de tesis doctorales, viajes de estudios y proyectos de investigación, si bien estas actuaciones sufren alguna interrupción temporal.

A finales de 2.002 el Gobierno de Cantabria redefine sus funciones, subrayando como prioritaria el fomento de la investigación biomédica y la colaboración con la Facultad de Medicina, para lo que se crea, específicamente, el Instituto de Formación e Investigación ’’Marqués de Valdecilla’’.